Jesús y de la melancolía
- Berenice Torres
- 30 sept 2015
- 3 Min. de lectura
La melancolía no es más que una recordación inconsciente.
Gustave Flaubert.
Gracias a la melancolía—ese alpinismo de los perezosos---, escalamos desde nuestro lecho todas las cumbres y soñamos en lo alto de todos precipicios.
E.M. Cioran
Los antecedentes de la obra pictórica de Jesús Cuevas están en el siglo XIX, donde el paisaje se vuelve un tema importante dentro de la pintura y se vislumbran los orígenes del impresionismo. Movimiento que tiene influencia hasta bien entrado el siglo XX y todo indica que también en el siglo XXI. Por ende otra influencia en la pintura de Jesús son los antecedentes del impresionismo: El romanticismo siendo un gran exponente de esta corriente Turner y me viene a la memoria el cuadro “Tormenta de nieve: Un vapor a la entrada del puerto”. 1842.
En ese siglo también se da la ruptura entre el gusto del artista y del público, empeorando la situación la revolución industrial, la decadencia del oficio y la aparición de una nueva clase media sin tradición, desbaratando el gusto del espectador y comprador.
El impresionismo se caracteriza por el interés en las impresiones fugitivas, la movilidad de los fenómenos antes que el aspecto estable y conceptual de las cosas. La descripción del momento libre y suelta sin ocultar las pinceladas, siendo la luz factor unificador entre la figura y el paisaje.
Las superficies son borrosas y vaporosas.
La obra de Jesús son paisajes, en todas sus piezas hay un horizonte y un personaje protagonista: El perro, su compañero y con el que trasmite sus estados de ánimo o podríamos decir de un solo ánimo: la melancolía. En las pinturas de Jesús los perros casi siempre están apacibles, algunas veces juguetones aunque cada vez dan la sensación de que esperan algo, algo que no está en el cuadro que habitan. Algunos cuadros se vuelven sombríos, tormentosos, dramáticos, es allí donde nos recuerda las obras del romanticismo ya sean pictóricas, musicales o literarias.
El siguiente personaje presente en los paisajes es la mujer en movimiento, la mayoría de las veces su cabello se entreteje con el cielo, es la que en algunas ocasiones incita a los perros a la acción, es la portadora de las ideas, de los pensamientos no siempre claros, revueltos o revoltosos. Revolotean como los pájaros que vuelan a su alrededor, la siguen y otras decide sacarlos de su jaula. Los pensamientos vuelan, mientras los perros ajenos siguen ensimismados, esperan, complacen y en algunos casos aflora su inocencia, su candor.
Las obras de Jesús son autorretratos, reflejan los seres con los que convive y a quienes usa en su obra para hablar de sí mismo, de lo que le atormenta, a través de ellos busca y revuelve en el exterior ya que todas las acciones se llevan a cabo a fuera entre el cielo y la tierra.
Así como en los cuadros impresionistas, las pinceladas son evidentes, se mueven, se mezclan, tanto usa colores oscuros como claros, como siempre no todo es tormento en la melancolía hay momentos de tranquilidad, luminosos, coloridos.
La composición es central o las formas se deslizan en el horizonte.
Aunque trata de pintar otros perros siempre es el mismo y la misma mujer. Con la bicicleta trata de darle vuelta al mundo pero todos los caminos regresan a él, a su interior.
